Ya no nos encontramos: ni en el abrazo ni en el beso ni en el sueño ni en la estación que nos espera. Ya no nos encontramos: ni en la lluvia que canta ni en el viento que ruge ni en la mañana que despierta ni en la tarde que se esfuma. Ya no nos encontramos: ni con puntos cardinales bien dispuestos ni con señales ni direcciones bien precisas... Sucede que sin saber por qué ni cuándo tu camino y el mío se extraviaron en la rutina triste de los días.
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